Un nombre que no se podía decir
Nací dos meses antes de tiempo, mientras mi madre cruzaba el umbral de la muerte para salvarme. Crecí llevando el nombre exacto de un hombre al que no podía llamar «papá» en público: un sacerdote carismático que llenaba plazas enteras con su guitarra y que ante el mundo me presentaba como su sobrino.
Esta es la historia de una mentira que heredé sin elegirla, de una mente brillante atrapada en un cuerpo en alerta permanente, y de la larga apuesta por convertir un secreto en una historia que por fin pudiera contar en voz alta.